Pinacoteca Virtual


Arte y educación...

Por  Juan Bautista Rodríguez

La educación en nuestro país adolece desde hace mucho de incontable patologías, no todas de su propia biología, tras haber sido reengendrada en la década de lo noventa del el siglo pasado, con un sistema inmunológico,  de suyo falible.  

 Un número importante de estos padecimientos , tienen un origen externo, colateral, es decir, no son propios de su estructura curricular o dimensión administrativa financiera, sino, el genuino producto de aquello que en la más amplísima plétora de curiosidades constituye parte importante de nuestra cultura del hacer; lo que algunos eufemística y folklóricamente identificamos y señalamos con la frase: “A la chilena”, es decir, a medias, en la medida de lo posible, con incongruencias o de plano, una abierta alegoría  de lo absurdo [ … ].

 Como en general vemos la belleza donde nos han enseñado a verla y el arte, fuente fundamental del desarrollo cultural de una nación, no goza en este país de los  espacios y el prestigio formativo para instalar en los(as) pequeños (as) ciudadanos(as) que asisten diariamente a las aulas de la patria, las habilidades y valores necesarios para cultivar y preservar nuestro patrimonio cultural, en todas sus dimensiones, muchas veces nuestro entorno y su espectáculo visual, de historia e inmemorable estética,  pasan desapercibidos. En contraposición,  cotidianamente asistimos al penoso espectáculo de degradación de los referentes y modelos culturales a través de medios de propaganda mediáticos, muy superiores a la escuela y liceo en su impacto formativo en las personas en cuanto a su toma de decisiones,  estilos de vida y conciencia social.

 Un estudio de la OEI, del año 2012, estableció que el 51% de los(as) docentes que imparten la asignatura de educación artística, no tienen ninguna formación en la disciplina. En este escenario, donde además el currículum nacional, más allá de considerar anecdóticamente la relevancia del patrimonio en limitados párrafos de las asignaturas afines, nos enfrentamos a un flagelo aún más perverso, que da sentido a las primeras líneas de esta presentación y de sobremanera a su título, me refiero a la indolencia de un estado,  que desde sus instituciones y prerrogativas no se hace cargo de los temas de fondo y concomita con esta  farandúlica mediatización ya denunciada, pormenorizando los grandes temas de la educación y la cultura, sin garantizar la existencia de normativas, financiamiento y sustentabilidad para el desarrollo de una política contemporánea y no “patrimonial“, para estos trascendentales temas.  Si ya resulta complejo educar formalmente en Chile, hacerlo a través del Arte es  casi un apostolado. Tomando en cuenta las simbólicas e irrisorias dos horas de clases que considera el currículum nacional en enseñanza media y luego la variable de que  en algunas escuelas  sólo favorecen  con tiempo y recursos a las asignaturas que inciden en los rankings de “calidad de la enseñanza" , estatuyendo sólo 1 hora semanal para artes visuales, agreguemos que desde el retorno a la democracia a la fecha, no existen recursos didácticos para la Educación Artística ( libros, software, infografías, sitios Web, etcétera ), entregados oficialmente por el Ministerio de Educación, sólo experiencias de privados, altruistas,  gestores culturales, instituciones y docentes que han generado sus propios materiales y vocación por la enseñanza de la artes y sus valores asociados...




 Juan Bautista pinta a José Martí


En el corolario, la obra de Juan Bautista es parte del verso martiano, ese verso que contó y relató el dolor de las apostasías del ocupador ibérico y la oligarquía feudal, temerosa e ignorante.

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